Una tarde en medio de risas y la impaciente forma de
mirarnos...
Pusimos sobre la mesa en palabras los deseos de cada uno.
Cayeron como puñados en la vela triste que nos hacía
compañía y decoraba
Nuestra felicidad. Todo era cálido y pacífico.
La sinceridad parecía brotar de nuestros labios, nos
mirábamos como la gente
que se espera para despojarse de sus deseos.
Parecía como si nuestro pasado nos diera una sacudida y, por
fin,
Nos encontráramos como los broches de unos aretes y, quisiéramos
Permanecer ahí, en total y completa libertad, juntos, pero
libres.
Cada uno escribía letras muertas, letras que no se pretenden
encontrar.
Prefiero resguardar mis palabras de un encuentro con la
mentira.
El destino me dijo que corriera, pero mi balanza “encontró”
el equilibrio
desobedeciendo el mandato de los astros.
¿Deseo? ¿Amor? … Quizás nos confundimos y no era nada de
lo que sentimos ese día junto a esa vela…
Con el tiempo, ese broche me pinchaba cada vez que movía mi
cara.
Con el tiempo, la parafina de esa vela se regó sobre mis
manos y me las
Congeló, yo advertía mi dolor, me rascaba, buscaba alivio,
pero al parecer eso no era inminente.
Con el tiempo, esa parafina me cubrió y me quemó tanto que
no necesité
Un mechero, ni de alguien que encendiera de nuevo esa vela
que me poseía.
¡Muchas gracias!, :D
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