Dejar ir tus manos secas, tus
labios resbalosos, tu pelo enredado … era como sentir que me iría en pedazos
volando sin rumbo. La última vez que toqué tu cuerpo fue como una brisa larga
que me llegaba hasta los huesos, la sensación más prolongada y de bienestar que
me pudiste dar. Luego se esfumó con tal rapidez que ni lo pude notar. Ese día
aprendí que las libertades que nos damos como seres humanos tienen
limitaciones, porque somos eso, seres que pretenden controlar el corazón, pero
nos tendemos una trampa a nosotros mismos.
Pude ver la vulnerabilidad ante
mis ojos y no me importó porque verte era como tener un espejo frente a mí,
salvo pequeñas diferencias. Letras, libros, canciones y hasta noticias
aparecieron como pistas que me arrojaban respuestas sin siquiera buscarlas.
Quizás fue otra forma de conocer lo que en nuestros diálogos era
imposible.
Después de tantos días de
ausencia tras ausencia decidí despedir, despedir las noches de interrogantes y
de conversaciones inconclusas, despedir las excusas y las frases escuetas que
aportaban inquietud y desasosiego. Despedir las pocas esperanzas de volver a
escuchar tu voz y de poder verme en el reflejo de tus ojos tan solo una vez
más.
Despedir es dejar fluir
ResponderEliminarSi nos amarramos no podremos sentir lo que expresas... si nos despedimos, viviremos nuevos recuerdos y valoraremos lo lindo del pasado...
me gustó... muchas gracias!
Un honor que mis ojos lean este mensajes, somos la memoria que tejemos. Somos las imágenes que dejamos fluir.
ResponderEliminarMuchas gracias...