Ella acariciaba la luz de la luna,
noche tras noche
en la rendija del tejado.
Con su mirada despejada,
fuera de sí.
Como si el viento tocara su nariz.
Pálida, con el peso en su abdomen,
con los hoyos negros debajo de sus ojos,
buscaba su centro al compás
de la melodía de los cisnes.
Estaba sin estar en sus últimos
días de luna llena,
Como si su mirada atrajera
la compañía de su dulce par.
http://boverijuancarlospintores.blogspot.com/2011/08/leopoldo-presas.html
noche tras noche
en la rendija del tejado.
Con su mirada despejada,
fuera de sí.
Como si el viento tocara su nariz.
Pálida, con el peso en su abdomen,
con los hoyos negros debajo de sus ojos,
buscaba su centro al compás
de la melodía de los cisnes.
Estaba sin estar en sus últimos
días de luna llena,
Como si su mirada atrajera
la compañía de su dulce par.
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